Operación Peter Pan     (V)

La vida en los campamentos 

Uno de los problemas iniciales ocurrido en los campamentos fue el arribo de muchachos no previstos, a quienes sus padres los mandaban a Estados Unidos, unos por participar en actividades conspirativas en los colegios o instituciones laicos católicos y podían ser una verguenza para los familiares en Cuba y temían que se convirtieran en comunistas.

Al respecto, el doctor Carlos Cortina, representante de la Iglesia Cristiana Reformada de Estados Unidos, reconoció en 1962, en una audiencia del subcomité que investigó los problemas relacionados con los refugiados cubanos, del Comité Judicial del Senado de Estados Unidos, que muchos de los niños fueron sacados de Cuba por sus padres en contra de su voluntad, ya que según el testimoniante simpatizaban con las ideas de la Revolución, eran miembros de la Organización de Pioneros o de otras organizciones comunistas.

Ello obligó a mantener los dos grupos apartados en los campamentos y enfrentó a los encargados de su atención con un problema que nunca antes habían conocido y del cual no tenían idea de cuándo finalizaría.

Fue así como súbitamente ambos grupos se vieron sometidos a un régimen estricto, donde, incluso, tenían que ir a la cama temprano y se les limitó la comunicación con sus familiares en Cuba, por lo que los muchachos indudablemente fueron infelices.

El padre Francisco Palá, quien fuera el primer administrador de Camp Matecumbe, inagurado en julio de 1961, relató que en ese campamento se albergaron los jóvenes de edades más problemáticas, entre 15 y 18 años, los cuales dormían al inicio en tiendas de campaña, que se mojaban cuando llovía y todo se inundaba.  Con una capacidad para solo 100 personas, se hacinaban hasta 500 jóvenes que disponían únicamente de dos duchas para su aseo personal.

Orlando Conde, uno de esos jóvenes, relató cómo la primera noche de su arribo a ese campamento no durmió, debido a que todo estaba inundado y su temor fue mayor al percatarse de la existencia de pumas y serpientes que merodeaban y podían penetrar en las tiendas, poniendo en peligro sus vidas.

Una necesidad común a la que se vieron forzados estos niños fue el de cuidarse de los frecuentes asaltos sexuales que ocurrían en horas de la noche mientras dormían.  No fueron pocos los casos de homosexualidad entre los moradores de este campamento.

Un caso significativo que muchos recuerdan fue el del conocido como "Conejito", quien al ser golpeado por un grupo de sus compañeros por sus actos homosexuales, les preguntaba desesperado el porqué lo atacaban si muchos de sus atacantes habían intimidado con él.

La adaptación a las nuevas condiciones de vida no resultó nada fácil.  Yvonne Conde relata la historia de uno que llegó al campamento con pijama de seda y bata de casa, y al recibir el catre que le correspondía para dormir, se negó a aceptarlo alegando que en Cuba hasta los perros tenían cama.  Permanció por varias noches durmiendo en una silla hasta que finalmente le resolvieron una cama.

A Jorge Cañas lo sacaron de Cuba el 22 de abril de 1962, sus padres también fueron influenciados por la campaña de la patria potestad.  Cuando en 1961 la Revolución iniciaba un programa de carácter masivo en el deporte él quiso incorporarse y sus padres no lo dejaron.  Como respuesta a sus inquietudes decidieron no matricularlo en el curso escolar 1961 - 1962.

Al llegar a Miami fue ubicado en Matecumbe donde había alrededor de 500 niños cubanos, por lo que al no haber capacidad en las rústicas cabañas de madera, su hogar comenzó a ser una casa de campaña, con una deficiente alimentación y malas condiciones de vida y salud.  En tal situación sufrió de paperas y sarampión y, que al menos una vez, se produjo una epidemia de desórdenes gastrointestinales por las difíciles condiciones existentes en términos materiales y de salud.

Imperaba la ley de la fuerza, solo el más fuerte sobrevivía.  Los robos, las peleas, etc., eran constantes.  El padre Francisco Palá tenía una oficina con aire acondicionado de la que nunca salía.

Uno de los niños relata que para bañarse era necesario hacer largas colas completamente desnudos, situación similar de falta de privacidad se presentaba con los servicios sanitarios.

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