John F. Kennedy, presidente de EEUU, firmaba el 3 de febrero de 1962 la
proclama presidencial 3447, que establecía el «embargo total" contra
Cuba. En realidad, Washington sólo hacía pública y oficial una guerra económica
aplicada desde los primeros días de 1959, cuando todavía no habían visto la
luz las primeras leyes revolucionarias. También cumple 45 años la II
Declaración de La Habana, que al día siguiente respondía a la amenaza
estadounidense.
Desde que John F. Kennedy oficializara el bloqueo contra Cuba, EEUU ha ido
alimentando y actualizandolo con una compleja serie de disposiciones y leyes
como la Torricelli (1992) y la Helms-Burton (1996), a las que George W. Bush
añadió sus propias medidas para intentar asfixiar a la isla.
Pese al creciente rechazo mundial al bloqueo de EEUU hacia Cuba -Naciones
Unidas aprobó el pasado 8 de noviembre una resolución contra el bloqueo
por 183 votos a favor, cuatro en contra y una abstención- nadie prevé
cambios inminentes en la política de EEUU, al menos mientras Bush continúe
en la Casa Blanca.
En opinión de Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano,
tampoco un relevo en Washington hace prever que la situación «vaya a
cambiar drásticamente". Un «demócrata" impulsó el bloqueo hace
45 años y otro «demócrata", Bill Clinton, firmó en 2000 una ley que
autorizaba la venta de alimentos y medicinas a Cuba, siempre y cuando el
pago se efectuara en efectivo.
Sin embargo, los movimientos no han cesado ni en La Habana ni en
Washington. En la capital estadounidense, no obstante, no terminan de
encajar todas las piezas. Así, el vídeo del convaleciente pero mejorado
presidente cubano, Fidel Castro, junto a su homólogo venezolano, Hugo Chávez,
«aguó festejos" en EEUU tras tres meses de silencio oficial sobre el
estado de salud del dirigente.
Desde Washington, el secretario de Comercio Carlos Gutiérrez decía que el
Gobierno de Bush no hará cambios a su política hacia Cuba, a pesar de la
cada vez mayor presión por parte de la nueva mayoría demócrata en el
Congreso para que «flexibilice" el bloqueo.
Con el presidente cubano convaleciente, algunos congresistas estadounidenses
ven ahora el momento oportuno para «rectificar" la política hacia
Cuba. El pasado 2 de diciembre, el presidente provisional de Cuba, Raúl
Castro, lanzó un mensaje conciliador a EEUU y propuso «resolver en la mesa
de negociaciones el prolongado diferendo" entre los dos países. Apenas
quince días después, legisladores del denominado «Grupo de Trabajo sobre
Cuba" del Congreso de EEUU visitaron la isla y mostraron su desacuerdo
con el mantenimiento de esta política. «Lo que hemos estado haciendo
durante 45 años no funcionó, no ha generado liberaciones de prisioneros,
no ha hecho nada, no ha generado cambios en Cuba (...) así que debemos
hacer algo distinto y lo distinto sería sentarnos y conversar", indicó
el demócrata Greg Meeks, integrante del grupo.
Asimismo, un grupo de congresistas estadounidenses presentaran un proyecto
de ley que busca la eliminación de las restricciones de viajes a Cuba para
los estadounidenses.
Ricardo Alarcón afirmó que el levantamiento de algunas de las
restricciones «tendría muy escasa significación" y «no implicaría
cambiar la política" estadounidense hacia la isla.
La Declaración de La Habana continúa vigente
Veinticuatro horas después de la proclamación del bloqueo, la Plaza de
la Revolución de La Habana acogía a una enorme multitud que respaldaba
la llamada II Declaración de La Habana, que reafirmaba la decisión «inquebrantable"
de los cubanos a defender su soberanía, independencia y el carácter
socialista de la revolución ante las amenazas de Estados Unidos. El
documento también recogía la expulsión de la Organización de Estados
Americanos (OEA) de Cuba.
La agencia Prensa Latina recordó ayer que en su discurso en el
multitudinario acto Fidel Castro señaló que en la reunión de la OEA
celebrada en Punta del Este, Uruguay, se libró «una gran batalla ideológica
entre la Revolución Cubana y el imperialismo norteamericano". En
septiembre de 1960, una asamblea general de los cubanos había aprobado la
primera Declaración de La Habana, en respuesta a la censura hecha por la
reunión de cancilleres de la OEA, en Costa Rica, a la decisión de Cuba
de establecer relaciones con la antigua Unión Soviética.
Desde entonces, el bloqueo estadounidense comenzó a crecer hasta
convertirse en el eje de la política de EEUU hacia la isla. Sus daños a
la economía y al desarrollo de Cuba son enormes. El Gobierno de la isla
calcula en más de 86.000 millones de dólares las pérdidas económicas
sufridas, cifra con la cual se podían haber puesto en marcha numerosos
programas y obras sociales.
El bloqueo estadounidense también afectó los suministros de alimentos y
de material destinado a tratamientos sensibles para niños, ancianos y
mujeres.