Once Tesis para explicar la fortaleza de la Revolución
Cubana
Francisco Herreros
2007-01-10
El Siglo, Chile
Empeñada como está en una lucha a muerte por la
supervivencia, la revolución cubana tal vez no logra aquilatar
las épicas dimensiones de la hazaña que está consumando de
manera estoica, irreductible y tenaz, desde hace ya 48 años.
O sea, obviamente lo comprende, pero la amenaza de la mayor
potencia imperial del orbe, que ha mantenido una agresión
genocida y hostil durante esos mismos 48 años, le impide
relajarse como para dar algo por sentado, o ganado para siempre,
sin el recurso a una lucha sostenida y frontal.
Hay una segunda razón para explicar su incapacidad relativa
para el autoelogio, la visión umbilical y el análisis
complaciente.
Aún en la peor etapa de su historia, indudablemente la década
de los 90, conocida como período especial, la revolución cubana
se preocupó más por dar solidaridad, antes que de recibirla,
testimonio elocuente de su superioridad en los dominios de la
conciencia, la ética y la humanidad, acaso el rasgo distintivo de
su permanencia en el tiempo. Permanencia que ha desafiado y
derrotado los designios de diez presidentes de los Estados Unidos,
quienes han emprendido disímiles estrategias
contrarrevolucionarias, tanto en profundidad como en dirección e
intensidad, y se han tenido que retirar al panteón de la historia
investidos de diversos grados de (des)prestigio, sin alterar un
milímetro el rumbo de la victoriosa epopeya popular que discurre
a 110 millas de su frontera. Permanencia que, por lo demás, está
reescribiendo la historia de la construcción socialista, y por
consiguiente, refutando de manera categórica y terminal aquel
ignorante reduccionismo que la asocia de manera excluyente al
irremediablemente periclitado modelo soviético.
En el notable coloquio Memoria y Futuro: Cuba y Fidel, el
contenido de fondo de la celebración de su octogésimo cumpleaños,
varios de los panelistas calificaron su magnética personalidad, y
a la propia revolución cubana, como un enigma.
Eso es, sin duda, cierto en el campo de la retórica, la metáfora
y el sentido figurado. Pero la consistencia de la revolución
cubana -que en opinión del suscrito, superó de manera
ineluctable el umbral de no retorno- es uno de los fenómenos políticos,
sociales y culturales más notables de nuestro tiempo -en cuanto
antítesis de la globalización neoliberal en curso- el cual
obedece a factores políticos, sociales e históricos, y a
encadenamientos causales muy complejos, pero no por ello menos
precisos, cuya comprensión demanda un esfuerzo analítico de
rigor y profundidad, objetivo que, de manera modesta, pero con
honestidad intelectual, se propone abordar este trabajo.
Debo aclarar que éste no es una defensa de la revolución
cubana.
La revolución cubana no la necesita, porque la ha venido
sosteniendo de manera invicta desde hace 48 años. Los que
necesitamos comprenderla, y extraer las correspondientes enseñanzas,
somos los que en países distintos, seguimos luchando por
sociedades comparables -no idénticas- guiados por su luz
generosa, derrochada a raudales.
La exposición se desplegará en modo de tesis, no por pretensión
intelectual ni concesión a recursos estilísticos, sino
sencillamente porque proporciona el formato idóneo para ordenar
la considerable masa de datos tenidos a la vista, tanto de índole
bibliográfica y documental, como producto de la observación y
vivencia personal, luego de sendas visitas en el curso de los dos
últimos años.
1.- En función del principio de la navaja de
Occam, según el
cuál la explicación de un fenómeno hay que buscarla en la
ecuación más sencilla, la primera causa de la permanencia de la
revolución cubana es el respaldo masivo, activo y militante de
las mayorías, es decir, el pueblo.
La primera defensa de esta primera tesis es empírica. Con sana
envidia fui testigo del impresionante desfile de 300 mil cubanos
por la ancha explanada de la Plaza de la Revolución, en el 50º
aniversario del desembarco del Granma. Presencié el flujo de una
multitud abigarrada, compacta y multicolor, entusiasta y
disciplinada, que testimoniaba su apoyo a la revolución con
pancartas, ovaciones y consignas, y que generaba a su paso una
experiencia colectiva de impactante potencia e intensidad
emocional. Me explicaron que era una movilización modesta, de
residentes de tres municipios aledaños, que no necesitaban
transporte. Cuando las circunstancias lo exigen, la revolución
moviliza millones. En el año 2000, en apoyo de la repatriación
del niño Elian González, se movilizaron centenares de miles. Los
días Primero de Mayo, desfila un millón de personas por la misma
plaza. El 10 de junio del 2002, nueve millones de cubanos se
movilizaron para ratificar el contenido socialista de la revolución
cubana.
La segunda defensa es de índole estadística.
Cada vez que el pueblo cubano es convocado a expresarse en
elecciones, el resultado en apoyo de la revolución es abrumador.
El 15 de febrero de 1976, mediante un Referendo, el 97,7 % de
los cubanos, mayores de 16 años, aprobaron en las urnas, en
votación libre y secreta, el texto de la Constitución Socialista
de la República de Cuba. Entre los días 15 y 18 de junio de
2003, todavía en pleno período especial, ocho millones de
cubanos, equivalentes al 81% del padrón electoral, firmaron una
solicitud de reforma constitucional que declaraba la
irrevocabilidad del socialismo. En los once procesos eleccionarios
efectuados en Cuba desde 1976 a la fecha, ha participado un
promedio del 95 % de los electores.
En las últimas elecciones, lo hizo el 97,6 %.
Los escépticos podrán decir lo que quieran, pero en las
elecciones para la Asamblea del Poder Popular, equivalente al
Parlamento, no hay propaganda, ni cohecho, ni coacción. El
Partido Comunista no participa formalmente en una lista. No
postula, ni elige ni revoca a ninguno de los miles de hombres y
mujeres que ocupan cargos representativos en el Estado cubano.
Claro, en cada una de las elecciones son propuestos y elegidos
numerosos militantes del Partido, pero porque los ciudadanos
reconocen sus méritos y aptitudes, y no por su militancia. Lo único
que guía al elector, es un currículum de cada candidato,
exhibido en lugares públicos, donde aparece la hoja de servicios
que respalda su postulación. El elevado porcentaje de participación
se explica porque la gente sabe que la Asamblea Nacional del Poder
Popular es aquella parte de la arquitectura institucional de la
revolución donde se toman las decisiones que le conciernen de
manera directa y que influyen en su calidad de vida.
La tercera defensa de esta tesis es lógica. Los cubanos son un
pueblo en armas. Cada uno tiene la suya, y sabe perfectamente lo
que tiene que hacer con ella, porque recibe periódico
adiestramiento. Si el pueblo no estuviera de acuerdo con la
revolución y su conducción, simplemente la tumba.
Lo dicho hasta aquí no significa que no haya una fracción de
población apática y una franja marginal. Pero son capas estadísticamente
insignificantes y políticamente neutras. No es casual que los
grupos disidentes se enmascaren como organizaciones de derechos
humanos, lo que en el país donde el respeto integral a los
derechos humanos ha alcanzado mayores alturas, representa, por
decir lo menos, una paradoja. Pero igual es una fachada útil para
conseguir recursos. No es cierto que se los reprima. Es
innecesario. No tienen la menor influencia ni credibilidad. Los
pretendidos presos políticos no lo están por disidencia política
o ideológica, sino por haber cometido delitos muy concretos, y en
la mayor parte de los casos, de suma gravedad.
2.- Uno de los factores preponderantes de la permanencia de la
revolución cubana es la conducción de Fidel, un líder de
estatura fuera de lo común, que ha sabido interpretar como nadie
el alma del pueblo cubano y que es venerado como pocos dirigentes
en la historia, rasgo sorprendente y particular de la revolución
cubana, toda vez que se trata de un líder que ha detentado el
poder por 48 años ininterrumpidos, hasta el 31 de julio de 2006.
Fidel está dotado de un magnético carisma y una oratoria
excepcional, herramientas con las que interactúa con las masas,
de una manera difícil de entender por quién no haya estado en
alguna de esas eléctricas concentraciones, y que utiliza una y
otra vez para persuadir, para convencer, para enseñar. Sus
detractores suelen ironizar con lo prolongado de sus discursos.
Pero en lo personal puedo dar fe de haber visto en televisión a
Fidel y a Hugo Chávez durante un día entero, en aquel histórico
Aló Presidente de agosto de 2005, casi sin darme cuenta, ni parar
mientes en el tiempo transcurrido.
Fidel es dueño de un temple de acero, un coraje ilimitado y
una gran tenacidad. No pierde la calma ni el control ni en las
peores situaciones, las que enfrenta encabezando personalmente la
primera línea de combate. Esa fue su norma de conducta en la
Sierra Maestra y en Playa Girón. El 5 de agosto de 1994, en el
punto más álgido del período especial, falsas informaciones
difundidas por radios anticubanas de Miami, según las cuales una
imaginaria flotilla se dirigía a playas de La Habana a buscar
gente, crearon un clima de disturbios, estimulado por provocadores
infiltrados en la multitud. Una masa enardecida avanzaba hacia el
centro de la ciudad, quebrando ventanales y causando destrozos,
tal vez en lo más parecido a una revuelta popular en todos los años
de la revolución. Fidel, sólo en compañía de su entonces
asistente personal, Felipe Pérez Roque, enfrenta a la multitud,
previa instrucción expresa de que no intervenga ni la policía ni
su guardia de seguridad. El episodio terminó con la gente
ovacionando a Fidel, y con la huida en desbandada de los
provocadores.
En el terreno intelectual, lo distinguen una intuición
penetrante, una cultura enciclopédica, una notable capacidad de síntesis
y una curiosidad insaciable. Ya el año 1960 vaticinaba que el
futuro de Cuba lo construirían hombres de ciencia. En los
dominios de la política, posee una asombrosa capacidad de
anticipación de los hechos; una sólida consistencia ideológica,
producto de una permanente lectura crítica de cuanto libro o
documento le cae en las manos; un acendrado sentido de lo histórico,
y una innata capacidad pedagógica. En un rasgo de peculiar
originalidad, ha sintetizado la ideología del socialismo clásico,
de índole eurocéntrica, con el pensamiento de Martí, que conoce
como nadie, de inspiración patriótica, progresista e
antiimperialista.
Como líder, dispone de un poderoso don de mando, que suele
ejercer obedeciendo, en el sentido de saber someterse a la decisión
colectiva, cuando es impetrada. En este terreno exige disciplina,
porque se impone siempre la más exigente autodisciplina. Fidel es
un perfeccionista casi maniático. Siempre da lo mejor de sí,
hasta la obsesión, y por tanto lo exige, sobre todo de los
conductores. Espartano hasta la frugalidad, completan este somero
perfil una generosidad a toda prueba, un altruismo militante y una
humanidad desbordada. En suma, como varios ponentes destacaron en
el Coloquio, Fidel es una fuerza de la naturaleza y un conductor
de pueblos como pocos ha habido en la historia.
3.- La fortaleza de la revolución cubana obedece a que detrás
de Fidel hay una dirección colegiada e institucional.
A despecho de las interesadas versiones de los enemigos de la
revolución, en Cuba hay una sólida y asentada arquitectura
institucional, votada por la abrumadora mayoría de los cubanos,
en el referéndum de 1976. La Asamblea Nacional del Poder Popular
es el órgano supremo del poder del Estado; representa la voluntad
soberana del pueblo y encarna la potestad legislativa. La preside
desde 1993 Ricardo Alarcón de Quesada, integrante del Movimiento
26 de Julio desde 1955, e integrante del Buró Político del
Partido Comunista. La Asamblea Nacional del Poder Popular elige,
de entre sus diputados, al Consejo de Estado, integrado por un
Presidente, un Primer Vicepresidente, cinco Vicepresidentes, un
Secretario y veintitrés miembros. El Presidente del Consejo de
Estado es jefe de Estado y jefe de Gobierno. El Poder Ejecutivo
está encomendado al Consejo de Ministros, integrado por el Jefe
de Estado y de Gobierno, que es su Presidente, el Primer
Vicepresidente, los Vicepresidentes, los Ministros, el Secretario
y otros miembros que determina la ley. La subrogancia de ambas
instituciones está radicada en Raúl Castro Ruz, que además
desempeña la subrogancia en la Comandancia en Jefe de las FAR y
en la Secretaría del Partido Comunista. En este esquema
institucional, la tercera jerarquía corresponde a Carlos Lage Dávila,
Vicepresidente del Consejo de Estado, Secretario del Consejo de
Ministros e integrante del Buró Político del Partido. La cuarta,
la ocupa el Canciller, Felipe Pérez Roque, miembro del Comité
Central del Partido Comunista, diputado a la Asamblea Nacional del
Poder Popular, e integrante de los Consejos de Estado y de
Ministros.
El conjunto de estos dirigentes, cada de los cuales intervino
durante las celebraciones del octogésimo cumpleaños de Fidel y
el quincuagésimo aniversario del desembarco del Granma, conforma
la dirección colegiada que reemplaza a Fidel desde el 31 de julio
pasado. Una dirección sólida y experimentada, que ha conducido
una transición sobreviniente de manera abrupta e indeseada, pero
que ha cumplido la tarea sin pausas, titubeos ni sobresaltos. En
una opinión estrictamente personal, creo firmemente que Fidel
recuperará la salud, como sostiene la dirección de la revolución,
y que no es concebible prescindir de su talento, visión y
experiencia. Pero pienso que sería erróneo retrotraer la situación
al 30 de julio. Fidel, que es un animal político, debe saberlo
mejor que nadie.
Fidel es insustituible, pero la actual dirección colegiada ya
demostró que puede mantener el rumbo de la revolución, sin
traumas ni desviaciones, en lo que constituye, probablemente, el
principal dato político del período. La gente lo intuye y lo
apoya. Esto, por cierto, de ninguna manera excluye el aporte que
todavía puede entregar Fidel.
4.- La revolución cubana tiene en el Partido Comunista un
pilar de apoyo inquebrantable, que ha sabido mantener su papel de
vanguardia organizada y fuerza dirigente de la sociedad y el
Estado.
El Partido Comunista es el motor de la revolución cubana, a
pesar de lo cual, o más bien por lo mismo, no copa el escenario
político y social, ni suplanta a las masas en el proceso de toma
de decisiones, acaso la principal entre sus considerables
virtudes.
Proporciona los cuadros de dirección, las políticas centrales
y sectoriales, y las estrategias para lograrlas. Pero, a
diferencia de la construcción soviética, está separado del
aparato del Estado, y se mantiene en un discreto segundo plano,
cuestión que lo preserva, entre otras cosas, de los personalismos
y la corrupción. No es condición necesaria ser del partido para
dirigir una empresa o ser electo para cualquiera de los niveles de
la Asamblea Nacional del Poder Popular.
La militancia en el Partido no representa ventajas materiales,
y antes bien, en ocasiones puede ser perjudicial para la economía
personal. Al Partido se entra para servir, y de ahí su
incuestionable ascendiente moral.
En su dinámica interna, tiende a promover a los mejores, lo
que arroja como resultado una fluida renovación de los cuadros
directivos. De hecho, la edad promedio de los primeros secretarios
en el nivel provincial es de 47 años.
5.- Otra fuente de fortaleza de la revolución cubana radica en
el desarrollo de una democracia popular y participativa, más
comparable a las deducciones de Marx sobre la comuna de París,
que a las concepciones totalizantes del partido, propias del período
de Stalin.
La democracia popular cubana, fundada en la participación
organizada del pueblo en todas aquellas materias que le conciernen
y afectan su calidad de vida, es más avanzada y real que la
democracia representativa enarbolada por sus detractores.
Esa participación ampliada empieza en el nivel de los Comités
de Defensa de la Revolución, organización de masas que tiene
dentro de sus objetivos movilizar al pueblo en las tareas de
defensa de la Revolución y de las conquistas del socialismo,
mediante el trabajo directo con la comunidad. Cuenta con unos
siete millones 600 mil miembros, mayores de 14 años de edad,
requisito para ingresar en la organización. Elige representantes
a la Asamblea del Poder en niveles de cuadra, zona, municipio,
provincia y nación. Postulan y se eligen los mejores, dentro de
un sistema de mandato en todo momento revocable. Otras
organizaciones que canalizan la participación de millones de
cubanos, son la Federación Estudiantil de la Enseñanza Media, la
Federación Estudiantil Universitaria, la Central de Trabajadores
de Cuba y sus sindicatos ramales, la Federación de Mujeres
Cubanas y la Asociación Nacional de Pequeños Agricultores.
Se critica a la revolución cubana por su sistema de partido único.
Pero esa crítica parte desde una concepción de democracia
representativa, donde la participación real de la gente en las
cuestiones que afectan su calidad de visa es casi cero. ¿Alguien
en Chile ha votado por la segunda desnacionalización del cobre?.
¿Tiene actualmente el pueblo de Chile manera de pronunciarse
sobre la verdadera camisa de fuerza en que ha devenido el sistema
binominal?. ¿Merece eso el calificativo de régimen democrático?.
Por definición, los partidos compiten por la disputa del
poder, o por fracciones del mismo en el aparato del Estado. El
ideario socialista postula el poder de las mayorías, por y para
ellas. En Cuba ya se alcanzó esa meta. Es el pueblo el que está
en el poder y disfruta de un sistema político y social que no será
perfecto, pero que sin duda es el régimen más justo, democrático
e igualitario entre todas las naciones del mundo de hoy. En ese
esquema, ¿qué sentido tendría un sistema multipartidista?, ¿qué
objetivo práctico perseguiría?. ¿hacia qué paradigma de
sociedad conduciría?. Nadie que escribe en un computador o anda
en bicicleta, quiere retroceder a la máquina de escribir o volver
al monopatín. Análogamente, no hay ninguna razón que aconseje a
los cubanos abandonar el rumbo socialista y volver al capitalismo.
Los espacios de participación directa en las decisiones que
competen a las mayorías, son muy amplios, pero los espacios para
regresar a un modo de producción superado y a un régimen que
retrotraiga los beneficios sociales de la revolución, son nulos.
Y no sólo por decisión de la conducción revolucionaria o del
partido, sino por consenso activo, movilizado y militante, de la
inmensa mayoría de los cubanos.
6.- La construcción socialista de la revolución cubana tiene
una base autónoma, que ha sabido fundir socialismo con identidad
histórica, imbuida de un fuerte sentido de patriotismo.
Al influjo de la ideología socialista de naturaleza
eurocentrista, la revolución cubana ha sabido sobreponerle la
influencia de héroes de la larga lucha de la independencia
cubana, como Máximo Gómez, Antonio Maceo y José Martí. Sobre
todo Martí. En el discurso de la revolución cubana, la exaltación
del pensamiento de Martí raya a la altura de Marx y Lenin.
La concepción de partido único, es parte del ideario
martiano, que además es patriota, profundamente democrático y
antiimperialista. Fidel es un gran interprete del pensamiento
martiano, el que conoce al revés y al derecho y emerge en cada
uno de sus discursos. Dialécticamente, el pueblo considera a
Fidel como el albacea y continuador del pensamiento de Martí. Quién
no conozca esta sencilla verdad nunca comprenderá la revolución
cubana. Como alguien me dijo, si el siglo XIX parió a Martí, y
el siglo XX a Fidel, el siglo XXI parirá a alguno de su estatura,
si fuese necesario.
7.- La revolución cubana es fuerte, porque militarmente es
indestructible, y ha creado la fuerza necesaria para defenderse
con éxito, aún en el caso de una invasión de la maquinaria bélica
de Estados Unidos.
Como demostración de invulnerabilidad militar, en el desfile
conmemorativo del 50º aniversario del desembarco del Granma. las
FAR desplegaron un armamento que no se exhibía en público desde
hace 20 años, de tecnología soviética, pero enteramente
reacondicionado con tecnología cubana, Pero confieso que me
impresionó mucho más la marcha de 300 mil cubanos, su arma más
contundente y letal, producto de la concepción de la guerra de
todo un pueblo, surgida como consecuencia de la crisis de los
misiles, de 1962. Cuando un pueblo está dispuesto a defenderse,
las fuerzas invasoras siempre lo tendrán siempre muy duro, como
los vietnamitas le enseñaron a Estados Unidos, y como hoy lo está
aprendiendo de Iraq. Todo cubano sabe qué hacer, y cual es su
puesto de combate en caso de una invasión, como ha aprendido en
ejercicios que se practican de modo sistemático, con
independencia del clima atmosférico o político. Los cubanos
saben que la independencia sólo depende e ellos mismos. De otra
parte, las Fuerzas Armadas Revolucionarias constituyen un ejército
aguerrido y experimentado, con actividad en combate en Centroamérica
y diversas regiones de Africa. Sin ir más lejos, venció a las
poderosas tropas sudafricanas en la batalla de Cuito Cuanavale,
por varios conceptos, un ejemplo de flexibilidad táctica. Es, de
otra parte, un ejemplo de pueblo en armas. Los oficiales hacen
colas y se movilizan como cualquier hijo de vecino, y viven en los
mismos barrios que cualquier cubano. Como dijo la pionera Yanet
Martínez, en la Plaza de la Revolución, antes del desfile:
“Aquí en Cuba, las Fuerzas Armadas no son un cuerpo represivo,
ni una casta cuyos intereses se separan de los más humildes. Las
Fuerzas Armadas son parte indisoluble de su pueblo, son nuestros
padres, nuestros hermanos, nuestros amigos. Marchan junto a
nosotros en los desfiles, defienden nuestras causas y cuando hemos
tenido que defender un ideal, han estado a nuestro lado. Esas son
algunas razones por las que nos sentimos jubilosos: porque esta es
una celebración de todos, de Cuba entera”.
Pocos ejércitos en el mundo, por no decir ninguno, y menos
todavía en América Latina, pueden jactarse de contar con
semejante afecto del pueblo, como las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Cuba.
8.- Si la revolución cubana ya conquistó la invulnerabilidad
militar, está en vías de conquistar la invulnerabilidad económica,
proceso que ha seguido de modo autónomo, libre de tutelas y
dependencias, y bajo premisas inequívocamente socialistas.
Las cifras de crecimiento de la economía cubana en los últimos
años son impresionantes. Del 5% de crecimiento del PIB en 2004,
pasó a un 11,9% en 2005, y a alrededor de un 12% en 2006, con un
promedio en torno al 4% desde 1997, cuando se inicia la recuperación.
Se trata de un crecimiento mayor y más estable que el de Chile en
los mismos años, con toda su jactancia neoliberal. Lo más
notable es que se trata de un crecimiento económico asentado
sobre premisas clásicas del socialismo, como propiedad colectiva
de los medios de producción, economía planificada central y
sectorialmente, y redistribución equitativa del excedente social
de la economía. Más notable aún, se trata de una recuperación
sobre la base de una diversificación productiva, después del
descalabro del período especial, cuando la economía cubana cayó
en 35% entre 1991 y 1994. Sin embargo, las medidas tomadas por la
conducción económica en ese tremendo momento, si bien
introdujeron ciertas medidas de mercado, en lo sustantivo
ratificaron la opción socialista. Así, hubo consumo racionado en
lugar de liberalización de precios; incremento del control
estatal en la distribución; reducción de jornadas laborales pero
manteniendo el empleo; exigencia de austeridad en todos los
niveles y estímulo al ahorro colectivo; enérgica acción
judicial contra los infractores, y sobre todo, mantención a
ultranza de los beneficios en salud, educación y seguridad
social, considerados como derechos esenciales de las personas. En
otras palabras, la orientación exactamente contraria a los
modelos de ajuste estructural que en casos de crisis, imponen
nuestras alienadas elites. Ni aún en esos dramáticos momentos
Cuba abandonó o relajó su crucial apuesta por el conocimiento y
la preparación de sus cuadros técnicos y profesionales, con
miras a trasformar el capital variable de las economías
capitalistas, en capital humano, piedra angular de una construcción
socialista.
En los hechos, Cuba dispone hoy de la población más educada y
culta del mundo, otra de las razones que explica la superación de
la crisis. En aquellos duros momentos, la conducción económica
prefiguró un modelo de pleno empleo basado en los servicios, como
el turismo; una agricultura orientada a la seguridad alimentaria;
una industrialización no extensiva, sino intensiva en rubros
claves, tales como la biotecnología, la industria médico-farmacéutica,
la informática y la producción de equipamiento médico, en los
que ha alcanzado un estatus de potencia desarrollada, y una nueva
inserción en la economía mundial. En el año 2006, Cuba se lanzó
hacia una campaña de ahorro energético y combate a la corrupción,
cuyos beneficios redistribuyó inmediatamente en beneficio de la
población, por la vía de un incremento salarial. Hay
inconformidad porque no se alcanzó la meta de 150 mil viviendas
en el año, lográndose sólo 120 mil. Hoy Cuba, desde el punto de
vista social, es una de las sociedades más homogéneas del mundo,
donde todos los ciudadanos, por el sólo hecho de serlo, tienen
garantizados derechos y beneficios tales como una canasta básica
de alimentos a precios irrisorios, gratuidad de la salud y educación
y costo subsidiado de la vivienda. La diferencia entre el sueldo mínimo
y el máximo no es mayor de tres veces. Y después algunos se
preguntan por qué no ha caído la revolución cubana. Lo dicho
hasta aquí no pretende soslayar que aún subsisten problemas
serios, que incomodan a la población. Son los casos del
deficiente transporte público, particularmente en La Habana; la
dependencia energética, aunque cada vez menor, con la revolución
energética y aumentos de la producción propia; el costo de la
vida, que todavía es alto para los cubanos; distorsiones por el
retorno obligado a ciertas prácticas capitalistas, que pueden dar
origen a un clase en contradicción con los objetivos de la
revolución, y que en todo caso les permite ingresos superiores a
los de las capas superiores; corrupción, en que particulares
obtienen bienes subsidiados de proveniencia estatal, y los venden
a precios de mercado. Con todo, si los avances de la primera etapa
de la revolución estuvieron en los dominios de la autonomía y la
dignidad; si los derechos de segunda generación fueron la educación
y la salud, ya ha llegado el momento en que los proyectos de largo
plazo empiezan a madurar, con la posibilidad cierta de conceder un
creciente acceso a bienes y servicios para todos los cubanos,
libre de la amenaza de los ciclos de crisis del capitalismo. Antes
bien, esta nueva etapa en el desarrollo económico de la revolución
se propone el autofinanciamiento de las empresas, el fin de los
subsidios y la eficiencia de las unidades productivas, por la
triple vía de una controlada flotación de precios, la
intensificación del control social y la modernización de las técnicas
de administración. No ha superado del todo, pero ha avanzado en
el antiguo problema de la eficiencia en la economía socialista. Y
todo esto lo ha logrado pese al bloqueo que ya dura 48 años, con
un costo monetario calculado en 87 mil millones de dólares, casi
tres veces lo que le ha dejado el cobre a Chile desde su
nacionalización, en 1971, y casi seis veces el monto del Plan
Marshall, que ayudó a reconstruir Europea después de la Segunda
Guerra Mundial.
9.- La revolución cubana ha sobrevivido en el tiempo porque es
capaz de reinventarse y de aprender de sus errores. En la práctica,
la historia de la revolución cubana es la historia de sus
rectificaciones.
Fidel, y en especial el Che Guevara, siempre mantuvieron
distancia crítica del modelo soviético, al que Cuba debió
subordinarse, más que todo, por necesidad, con mayor grado de
dependencia después de la crisis de 1962. Esto generó
ineficiencias en la economía y burocratismo en las relaciones del
Estado con la sociedad, lo que en último extremo, influyó
negativamente en el proceso de construcción socialista. Sin
embargo, bajo inspiración de Fidel, Cuba inició un vigoroso
proceso de rectificación de errores en 1986, tres años antes de
la perestroika, y cinco antes del desplome de Unión Soviética y
Europa oriental, de modo que cuando éste se produjo, ya tenía
elaboración teórica, concepción estratégica, planificación práctica,
y sobre todo, consenso político, para enfrentar esa tremenda
encrucijada. Esto explica por qué, en lugar de colapsar, la
revolución adquirió aún más apoyo y legitimidad durante el
período especial, puesto que los cubanos comprendieron el peligro
de perder lo que tenían. Es lo mismo que explica la cohesión y
normalidad del país, desde el 31 de julio. Los cubanos echan de
menos a Fidel, desean que vuelva a su puesto, pero saben que lo más
importante es la continuidad de la construcción socialista. Quién
no entienda esto, seguirá apostando a hipotéticos derrumbes, y
se equivocará invariablemente, como viene ocurriendo desde hace
48 años. La revolución siempre está en estado de cambios,
corriendo la empalizada de lo posible. A la crisis del 62,
respondió con la concepción de la guerra de todo el pueblo; al
período especial, respondió con medidas de mercado; a las
desviaciones que inevitablemente produjeron, las ha combatido con
una decidida lucha contra la corrupción y con la batalla de
ideas.
10.- La revolución cubana ha mantenido su ascendiente en el
pueblo, porque se apoya en valores éticos y humanistas.
Contra lo que muchos creen, la represión es un mecanismo de
control social que repugna a la revolución cubana. El radical
cambio que ha logrado en la sociedad y el pueblo cubano lo ha
hecho sobre la base el pueblo de la persuasión, la educación política
y el diálogo social. La revolución no abandona nunca a uno de
los suyos, ni menos a los más desprotegidos, ni aún en los
peores momentos. La forma como enfrentó el período especial,
descrita más arriba, es un elocuente ejemplo de ellos. Sin
ninguna excepción, las medidas que adopta parten de la base del
bien común y los derechos de las personas, concebidos de manera
integral. Practica una solidaridad basada en un internacionalismo
militante, ejemplos de lo cual son la Escuela Latinoamericana de
Medicina, que tiene actualmente diez mil estudiantes de más de
veinte países, fundada cuando todavía apretaba el período
especial, y la Misión Milagro, que se propone devolver la vista a
más de 300 mil latinoamericanos. Donde quiera que haya una catástrofe
o sufrimiento social, esa gente puede tener la seguridad de contar
con la solidaridad de la revolución cubana.
11.- La revolución cubana no ha caído ni caerá, porque está
llamada a tener un papel preponderante en el drama de la historia
contemporánea, montada entre dos siglos.
Mucha gente se pregunta cómo un pequeño país sin grandes
recursos naturales, situado a 110 millas de las costas de un
enemigo que le profesa un odio cerril y visceral, no sólo no cayó
sin honra, como la Unión Soviética, sino que ha resistido
victoriosamente la agresión de uno de los imperios más poderosos
que ha conocido la historia. No entienden que esa agresión y esa
cercanía actúan como revulsivo contra la construcción burocrática
y como incitación de un pueblo imbuido de un fuerte sentido de
unidad nacional.
Al encarnar una variante sólida y auto sustentada de construcción
socialista, demuestra su vigencia como proyecto histórico y
alternativo de sociedad, erosionado en la conciencia y la
confianza de muchos luchadores sociales, anonadados por el
derrumbe del modelo soviético. Al tener tiempo suficiente, ha
podido demostrarle, primero a su pueblo, pero también a los
revolucionarios del mundo, y por defecto a sus adversarios, las
ventajas de un régimen socialista.
En estos tiempos de devaluación política y capitulación
ideológica, mantiene inalterados los valores del socialismo, y
los proyecta como posibilidad cierta.
La revolución cubana es como una crisálida en cuyo interior
la utopía está pariendo realidad, mientras que en el mundo
exterior, el paso del tiempo está demostrando una de las
deducciones fundamentales del viejo Marx, en cuanto a que el
capitalismo es un modo histórico de producción, que en sus entrañas
incuba las fuerzas que lo conducirán hacia su inevitable
autodestrucción, y su reemplazo por un nuevo orden económico,
político y social, en que los expropiadores serán expropiados, y
donde se declarará la proscripción de la explotación del hombre
por el hombre. No es poco lo que hay que agradecerle a la revolución
cubana.