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Luis Posada Carriles y la desvergüenza de un exilio

2007-01-22
Miami: El exilio mafioso

“Mientras que en Miami un irrisorio 0,031 por ciento del “combativo” y “enérgico” exilio cubano se manifestaba este viernes 19 de enero a favor de la liberación del asesino confeso, terrorista y desahuciado agente de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) Luis Posada Carriles frente al memorial a la brigada invasora 2506, derrotada en las costas cubanas de Playa Girón hace 46 años, yo volaba sobre las aguas cálidas del Caribe a reencontrarme con mi pueblo. (…)”

La carnavalesca Calle Ocho de Miami fue escenario una vez más, de un espectáculo violento, donde los que dicen defender y luchar por reinstaurar la democracia en Cuba, y contra toda lógica humana, en medio de una manifestación de apoyo al terrorista de origen cubano encarcelado en El Paso, Texas, agredieron a cuatro jóvenes que desplegaron un cartel pidiendo la cárcel para el asesino que masacró a decenas de jóvenes deportistas mientras volaban en un avión de Cubana de Aviación en 1976, el cerebro de las bombas que detonaron en la capital cubana a mediado de los años noventa y que costaron la vida de un turista italiano, el represor de la policía política venezolana (DISIP) en los años setenta, el pistolero a sueldo de la Casa Blanca que hoy se convierte en un mal trago para la justicia norteamericana que no quiere exponer a la luz pública, viejos secretos que guarda este testaferro a sueldo del mejor postor.

Un acto valiente de cuatro jóvenes que no dudaron en desafiar a cerca de doscientos manifestantes, en su gran mayoría ancianos que mantienen una dudosa beligerancia hacia el gobierno de La Habana y que siguen esperando por 49 años, el minuto que no llega de regresar a la Patria que abandonaron cobardemente en estampida para redimir viejas deudas de odio.

Los mismos que se desgañitan acusando de “violadores de los derechos humanos” a los que enfrentan dentro de la Isla a los mercenarios pagados desde Miami con fondos federales y orientados ideológicamente desde la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana y que no dudan en reprimir, en las calles del paraíso de la democracia, a quien pretenda manifestarse de manera diferente a sus retrógradas posiciones anti cubanas.

En medio de estos acontecimientos, la brisa de mi Habana me recibió con el cariño de las madres al ver aparecer a sus hijos ausentes y mientras los puñetazos y las patadas se convertían en la verdad que defienden los enemigos de mi pueblo, las calles de mi ciudad me abrían sus brazos como bienvenida, en medio de un pueblo alegre y trabajador, que sabe imponerse todos los días a las contingencias del tiempo y confía en el futuro que se gana a fuerza de trabajo y sacrificio.

La manifestación en apoyo a Luis Posada Carriles en la ciudad de Miami es una nueva mancha para el exilio cubano radical y beligerante que cada día está más aislado, es menos creíble y cada vez más inefectivo. Una estrepitosa derrota moral para los cultores del odio hacia su propio pueblo, que cada vez quedan más acorralados por la historia y por su propia realidad, en medio de una emigración agotada de tanta manipulación y donde los intereses personales se han impuesto sobre los verdaderos valores que reclama la defensa de la Patria.

Mientras la Revolución Cubana avanza hace su primera media centuria, el exilio de Miami se desgaja por día, en medio de furibundas luchas intestinas que no les permite ver más allá de sus narices y continúa inmerso en esa vieja política de enfrentamiento –de lejos y bajo la protección del Imperio, por supuesto- sin darse cuenta que un número creciente de emigrados que ya sobrepasa los doscientos mil cubanos, se mantienen ajenos al título de “exiliados” y no quieren quebrar el cordón umbilical que los une a la Patria, de la que salieron huyendo de una situación económica afectada en buena medida, por las crueles imposiciones del bloqueo norteamericano, diseñado para ahogar de hambre a todo un pueblo.

La realidad se impone por días. Cada vez son más las voces que se unen al coro de los que reclaman el cese de las agresiones contra Cuba. Cada vez son más los que se unen a los que exigen se deroguen las medidas restrictivas aplicadas por la administración Bush a pedido de un grupúsculo de malos cubanos que ostentan el poder y manipulan las conciencias de miles de emigrados y que aíslan al pueblo y separan a la familia cubana. Cada vez son más los que se desilusionan de tanto oportunismo político, de tanto odio y de tantas mentiras.

Pero yo, que siempre ando detrás de la verdad, me fui a La Habana con mi gente, mientras los “patriotas de la Calle Ocho” se enredaban a trompones y patadas por defender a un criminal que pretenden erigir como estandarte de su lucha.

De todos modos no hay de que asustarse, esos mismos cubanos “demócratas” de Miami -muchos de ellos representantes de la vieja dictadura batistiana de “bicho e’buey” y picana eléctrica-  siguen adorando al Generalísimo Franco, lloraron desconsoladamente la muerte del carnicero Pinochet y defienden como justa la masacre yanqui contra el pueblo de Irak.

Como decía mi abuela. <Una raya más, no daña al tigre>. Y esta vez, el exilio de Miami le colocó una nueva raya a la desvergüenza. Por eso yo, preferí tomarme un café caliente con los míos y en mi tierra.

Insurgente

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